Estaba esta tarde aburrido, pensando que hacer, con ganas de jugar a algo, cuando al asomarme a la terraza me ha venido a la cabeza un recuerdo de infancia, aquellos muñecos paracaidista que lanzábamos desde todo lo alto que podíamos para verlos caer. Y puesto a recordar, he recordado cuantas horas pasábamos tirándolos, bajando a por ellos, subiendo para volver a lanzarlo, y otra vez para abajo, y así durante no se cuanto tiempo. La verdad que no se como no nos aburríamos a la segunda vez, supongo que serían cosas de niños. Que bien lo pasábamos con tan poca cosa, simplemente con ese muñequito, que valdría unos 5 duros, mientras que ahora los niños necesitan un juego de paracaidistas que vale por lo menos 30 euros. Pero volviendo al recuerdo del paracaidista en cuestión, me ha venido otra imagen, que no es otra que la de la caída libre del susodicho, ya que la mayoría de las veces el paracaídas no se abría bien, y caía a velocidad endiablada, lo cual hacía que pensaras: “si tengo que hacer la mili, que no sea en los paracaidistas”. Por suerte quitaron la mili obligatoria y no tuve que hacerla, aunque algunos amigos se hicieron voluntariamente paracaidistas, pero yo, la verdad, después de ver como caían esos muñecos si el paracaídas no se abría, prefiero estar pisando el suelo.




0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada